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En perspectiva histórica

La Historia

El abanico tuvo una brillante trayectoria en Francia, que durante el siglo XVIII impuso la moda en ese campo, igual que en otros muchos de las Artes Decorativas, con los estilos Luis XV y Luis XVI, la fabricación de este bello accesorio de moda sólo perduró en Francia hasta el siglo XIX y durante la Belle Époque.

El arte de fabricar abanicos se consolidó en España a mediados del siglo XIX, y el producto se extendió a Europa durante el siglo XX, donde cada vez está más de moda. Aunque existieron varios focos de producción de abanicos en España, como Madrid, Barcelona, Sevilla, Málaga o Cádiz, que estuvieron activos durante el siglo XIX, la verdadera cuna del abanico español fue Valencia, donde su fabricación prosigue hoy en día de manera casi exclusiva y hace de Abanicos Taberner una de las fábricas artesanalas más antiguas. 

Abanicos del siglo XIX

El primero de enero de 1800 fue considerado el premier de Nivoise en la Francia revolucionaria. No fue, ni mucho menos, el primer día de la revolución y, aunque las modas estaban cambiando, mucha gente seguía vistiendo como en años anteriores. Evidentemente, las mujeres todavía tenían abanicos que habían disfrutado en el pasado, pero muchos de ellos fueron destruidos o se trasladaron, como preciadas posesiones, a los países de acogida de los refugiados de las revoluciones que había desencadenado en toda Europa la revolución francesa de 1789. Las modas y los abanicos estaban cambiando como consecuencia de las condiciones económicas de la época.

Durante el siglo XVIII Francia fue, sin lugar a dudas, el árbitro de la moda tanto en Europa como en América. Los abanicos franceses reinaban por todas partes, aunque los ingleses, especialmente los tallados en marfil, gozaban de gran demanda. Durante el reinado de Luis XVI, con la inclinación de Marie Antoinette por los objetos bellos, los abanicos se diseñaron para reflejar el gusto por las chinoiseries, fêtes champêtres o juegos familiares y amorosos y, al final del reinado, los abanicos impresos, más económicos, propiciaron el acceso de un creciente número de mujeres al mundo de la política. Durante la revolución, y después de ésta, emergió una nueva sociedad, los noveaux riches y los que ahora vivían el día a día intentando olvidar los horrores que habían visto o sufrido.

El color y el brillo estaban al orden del día y las mujeres cambiaron los paniers que habían utilizado hasta entonces para ensanchar su silueta por elegantes vestidos con líneas fluidas, tejidos como muselinas de algodón, lanas finas o sedas importadas de la India y China, que hacían furor, y los abanicos fueron reduciendo gradualmente su tamaño. Aún con todo ello, una mujer elegante, podía llevar el abanico de su madre, especialmente en Inglaterra o España, donde los cambios se producían de forma más gradual y las modas eran más conservadoras.




Los materiales y el tamaño

Hay que tener en cuenta, que algunos de los materiales tradicionales para la fabricación de abanicos, como el marfil o el carey, originarios de países lejanos del continente europeo, empezaron a escasear a medida que crecían los enfrentamientos entre Francia e Inglaterra por la supremacía de los océanos. Simultáneamente, muchos artesanos se tuvieron que alistar en los ejércitos y en las fuerzas navales de sus países en guerra.

Como consecuencia, el marfil fue sustituido por hueso de caballo, que en realidad tiene la misma composición química, y el cuerno ocupó el lugar del carey. Cada vez fueron menos los abanicos pintados, y más los bordados o cubiertos de lentejuelas, y era posible comprar en las ferias pequeños abanicos con cuerno brisé, fáciles de ocultar durante el apogeo de la moda de principios del siglo XIX.

Desde la década de los años treinta a los cuarenta, del siglo XIX, el tamaño de los abanicos vuelve a crecer, y con la llegada del vapor y el desarrollo de los mercados, su uso se hace casi universal. Las plumas empiezan a ponerse de moda en ellos. España es particularmente conocida en esa época pos sus elaborados abanicos isabelinos de nácar.


Los materiales y el tamaño

 En la década de 1860, la emperatriz de Francia, nacida en España, Eugenia de Montijo, muy sensible a las modas, impulsó la producción de articles de luxe en Francia, patrocinando a fabricantes de encaje